Gente de Murcia

En el año 2005, el periodista José García Martínez publicó el libro “Gente de Murcia, en la Editorial almudí, en el que recogía los perfiles de una serie publicada bajo el mismo título en el diario “La Verdad”. Reproducimos a continuación el que le dedicó a Begoña García Retegui. En la dedicatoria del libro que le firmó a Begoña, García Martínez decía: “A mi Begoña, que está revolucionando La política de esta jodida Región”.

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Begoña García Retegui

Bueno, pues sí. Esta señora es gente de Murcia, por mucho que luzca el Retegui, e incluso el Begoña. Está, lo que se dice, asimilada. La ves por el hemiciclo, dando marcha y alegría. ¿Qué a quién da marcha y alegría?  Al hemiciclo.

Esto lo digo porque eL hemiciclo del parlamento murciano es más bien fúnebre y hasta funerario. Tanatorio, diría. Y entonces se precisa más que el comer una señoría como ella. Que no para ni un momento. Y si dijeras que tiene azogue pues, bueno, pase, ya que se trataría de una enfermedad. Tampoco padece el baile de San Vito. Lo suyo es que la parió así su buena  madre. Y me temo que ella no puede (ni quiere, supongo) ponerle remedio. Tú estás en la Asamblea en la zona dedicada al público (si lo hubiere, que esa es otra) y desde allí ves una cabecica pelirroja que no para de moverse. Otra y bien esa gesticulación. Lo que pasa es que esa no la ves, salvo que esté en la tribuna de intervinientes, o sea de cara al respetable.

La Retegui habla amparada por el total convencimiento de lo que dice, o critica, o proclama. Como es tan activa, un día se dio cuenta de que la melena la obligaba a entretenerse. Digo para quitarse el mechón de la cara. Y eso que ella soplaba y soplaba, pero ni aún así. Así es que llegó un día y apareció con un pelado de esos tremendos. Como encima es pelirroja, ocurre que no se te va de la vista. Parece que llevara en lo alto una llama. El contraste con la mesa del presidente Celdrán, o la del vicepresidente Maeso, es algo espectacular. Tiene una capacidad de réplica inmediata, lo que la hace muy útil para practicar, allí en Cartagena, el parlamentarismo. Más no sólo de ponencias, dictámenes y alusiones vive la señora Retegui. Y encima, una médico completa, porque a sus conocimientos profesionales añade un sentimiento humanitario con el que arropa a los enfermos. Ya se sabe que, en medicina, tanto montan los saberes como los quereres. Y, a veces, son estos últimos los que se llevan la palma.